Aguacate colombiano: eficiencia y valor para competir en 2026
Colombia consolida su posición global en aguacate. Costos laborales, procesados y exigencias de EE.UU. y Europa redefinen la estrategia del sector.
El aguacate colombiano dejó atrás la etapa de crecimiento acelerado para entrar en una fase de consolidación, donde la confiabilidad, la calidad y la eficiencia operativa se vuelven determinantes. Así lo describe Carlos Beltrán, gerente de operaciones de Managro, al analizar el momento que vive el origen dentro del escenario global.
En 2024, Colombia cerró con exportaciones cercanas a 138 mil toneladas de aguacate, por un valor aproximado de 309 millones de dólares, una cifra que confirma que el país ya compite en serio en los mercados internacionales. “El aguacate colombiano está en un momento de consolidación; ya no es solo crecer en volumen, sino ser cada vez más confiables en programas, calibres y calidad”, afirma Beltrán, subrayando que la calidad se ha convertido en el principal activo competitivo.
La producción casi durante todo el año, gracias a la diversidad climática y a ventanas complementarias frente a otros orígenes, es una de las principales fortalezas del país. A ello se suma una logística competitiva tanto hacia Europa como hacia la costa este de Estados Unidos, junto con avances sostenidos en certificaciones y trazabilidad. “Ese avance en calidad y control es lo que le da a Colombia una nueva posición ante el mercado global”, sostiene.
Costos laborales y una industria obligada a profesionalizarse
Este proceso de consolidación ocurre en paralelo a un fuerte ajuste en los costos. El aumento del salario mínimo en Colombia ha impactado de manera directa a una industria intensiva en mano de obra, desde la cosecha hasta las empacadoras. “El salario mínimo para 2026, con auxilio, eleva de forma importante el costo operativo”, explica Beltrán, quien advierte que este escenario obliga a un cambio estructural.
Más que una amenaza, el ejecutivo lo plantea como un punto de inflexión para la industria. “El reto no es quejarnos del costo, sino responder con productividad: estandarizar procesos, mejorar la capacidad de las cuadrillas, reducir reprocesos y pérdidas, y apoyarnos mucho más en tecnología y control de calidad”. En ese sentido, afirma que los salarios más altos están empujando a una industria “mucho más profesional”, con mayor foco en eficiencia y cumplimiento.
Procesado, mercados y el salto pendiente de la cadena
El crecimiento de las plantas procesadoras es uno de los cambios más visibles de los últimos años. Colombia cuenta hoy con cerca de diez instalaciones dedicadas a pulpas, guacamoles, IQF y aceites, distribuidas entre Antioquia, Pereira, Bogotá, Palmira y el Eje Cafetero. Para Beltrán, esta expansión representa una evolución positiva: “El procesado permite capturar más valor y aprovechar fruta que está fuera de especificación para el mercado fresco, sin destruir su valor”.
Además del valor agregado, el procesado está ayudando a ordenar una cadena que históricamente ha tenido debilidades, especialmente en el mercado interno. “Es una industria que exige inocuidad, trazabilidad y consistencia, y eso eleva el estándar de toda la cadena, incluida la fruta que se queda en Colombia y que ha sido tratada históricamente muy mal”, señala.
Beltrán ejemplifica esta brecha con una anécdota personal: el manejo deficiente de la fruta en el canal interno ha generado una mala percepción del producto, afectando la recompra. “Es una fruta muy frágil, muy sensible, que se mueve en canastas, en bultos, pasa por varios intermediarios. Lo que llega al consumidor tiene un manejo muy malo”. A su juicio, el desarrollo del procesado puede aportar mayor estabilidad a la demanda, mejor aprovechamiento de la fruta y más desarrollo industrial en las regiones productoras.
De cara a 2026, el escenario comercial presenta oportunidades claras, pero con exigencias diferenciadas. En Estados Unidos, Colombia cuenta con ventajas logísticas y arancelarias relevantes, siempre que cumpla estrictamente con el marco de origen y la documentación. En Europa, en cambio, la competencia es más intensa y el factor decisivo será la consistencia. “Gana el que tenga calidad sólida y cumplimiento en los programas”, resume.
Este contexto se ve tensionado por un dólar bajo y costos crecientes, lo que refuerza la necesidad de eficiencia y de agregar valor donde tenga sentido. “En un escenario de salarios más altos y una TRM baja, la eficiencia deja de ser una opción”, advierte Beltrán.
Esa mirada estratégica está profundamente influenciada por su trayectoria empresarial. El ejecutivo identifica tres hitos clave: pasar de vender oportunidades a construir programas con disciplina semanal; entender que el crecimiento depende de gestionar riesgos logísticos, financieros y cambiarios; y formar equipos y alianzas donde campo, planta, logística y cliente operen como un solo sistema. “Esa experiencia es la base de la visión que aplico hoy en Managro: consistencia, cumplimiento y relaciones de largo plazo”, afirma.
En ese camino, Managro proyecta un crecimiento relevante apalancado en su joint venture con Del Monte Fresh Produce, lo que ha permitido fortalecer su estrategia en Estados Unidos y Europa, no solo en aguacate Hass, sino también en limón Tahití y otras frutas del portafolio.
“El futuro del aguacate colombiano no es solo crecer en volumen”, concluye Beltrán, “sino ser confiables y eficientes en calidad y programas, en un contexto donde los costos son más altos y el margen para el error es cada vez menor”.