De 30.000 a 60.000 toneladas: ¿año excepcional para Brasil o nuevo estándar?
Abacates do Brasil proyecta fuerte crecimiento productivo en una temporada marcada por clima favorable y nueva capacidad instalada
Los primeros embarques brasileños ya salieron hacia Europa y América del Sur, marcando el inicio formal de una temporada que podría redefinir el rol del país en el primer tramo del calendario global. A diferencia de campañas recientes afectadas por estrés térmico y baja productividad, 2026 arranca con una combinación poco frecuente: volumen alto, calidad disponible y una ventana comercial relativamente despejada.
“Este año creemos que tenemos una temporada un poco más larga, porque casi todas las regiones de producción tienen una safra buena”, explica Adilson Penariol, presidente de Abacates do Brasil. El dato no es menor. Brasil proyecta una producción total cercana a las 60.000 toneladas, de las cuales se espera exportar entre 40.000 y 45.000 toneladas. El año pasado, en contraste, la producción superó levemente las 30.000 toneladas y las exportaciones alcanzaron alrededor de 25.000.
El crecimiento responde a tres factores estructurales.
El primero es climático. La primavera de 2025 tuvo temperaturas moderadas y lluvias bien distribuidas, en contraste con los últimos años, cuando varias regiones —ubicadas entre 500 y 900 metros de altitud— enfrentaron olas de calor prolongadas, con más de 15 días consecutivos sobre 40°C y déficit hídrico severo. “Se permitió una floración muy buena, un pegamento muy bueno”, resume Penariol.
El segundo factor es fisiológico. Las plantas venían de ciclos con baja carga productiva. “Estaban descansadas”, señala. Sin una bienalidad marcada y tras una temporada de bajo volumen, los huertos estaban en condiciones de responder con mayor intensidad ante un clima favorable.
El tercer elemento es expansivo: nuevas áreas plantadas hace tres años están entrando ahora en plena producción, aportando volumen adicional y consolidando una base productiva más amplia.
La pregunta estratégica no es solo cuánto produce Brasil este año, sino cómo administra esa abundancia.
Ventana limpia en Europa y estrategia por calidad
La mayor ventaja competitiva brasileña se concentra entre febrero y marzo, extendiéndose hasta mediados de abril, en la etapa previa a la llegada más significativa del producto peruano. “Nuestra mayor ventaja en esta ventana es antes de la llegada de productos peruanos”, explica Penariol.
Después de abril, mientras la materia seca peruana aún no alcanza niveles más altos, Brasil puede ocupar ese espacio con una propuesta diferenciada basada en calidad.
De abril a junio, el foco estará puesto principalmente en Europa, no desde una lógica de competencia por precio, sino por calidad. “Contaremos con un suministro muy atractivo de materia seca”, afirma. Esta estrategia se desarrollará en coordinación con Sudamérica, manteniendo presencia regional sin descuidar el mercado europeo.
A partir de julio, el escenario se amplía. Se abren opciones en Argentina y Chile —considerando que la cosecha chilena aún no habría comenzado— además de Europa, mientras Perú comienza a reducir sus envíos. En esta etapa final, cuando la materia seca brasileña alcanza niveles más elevados, el enfoque comercial tenderá a concentrarse en el Mercosur, en parte por ventajas logísticas.
La cosecha brasileña debería extenderse hasta septiembre e incluso principios de octubre, aunque con un volumen decreciente hacia el cierre.
El mercado interno brasileño ofrece una advertencia sobre los riesgos de desbalance. La fuerte estacionalidad provoca oscilaciones extremas: en períodos de escasez, el kilo puede llegar a 7 dólares incluso con calidad inferior; en plena cosecha, puede caer a 2 dólares con fruta superior. “El consumidor no entiende por qué paga 2 dólares por una fruta buena y después 7 por una fruta mala”, reconoce Penariol. Esta volatilidad revela la necesidad de ampliar la ventana productiva y estabilizar la oferta a lo largo del año.
¿Es este crecimiento un punto de inflexión estructural o un fenómeno coyuntural? El clima fue determinante, pero la entrada en producción de nuevas áreas sugiere que Brasil está ampliando su capacidad exportadora de forma más permanente.
El desafío no será solo aumentar los volúmenes exportados, sino convertir esa expansión en estabilidad comercial, reputación de calidad y presencia sostenida en los mercados estratégicos. La temporada recién comienza, pero Brasil ya dejó claro que quiere jugar un papel más decisivo en la ventana inicial del año.



