Nuevas plantas procesadoras impulsan el aguacate procesado
México lidera en escala, mientras Colombia, Perú y Kenia aceleran inversiones en plantas procesadoras, impulsadas por demanda global y tecnología.
El crecimiento sostenido del consumo de productos derivados del aguacate está transformando la estructura industrial del sector. En paralelo al comercio de fruta fresca, la instalación de nuevas plantas procesadoras se ha consolidado como una estrategia clave para capturar mayor valor en origen, diversificar formatos y responder a una demanda internacional cada vez más orientada a productos listos para consumo.
En los últimos años, este proceso se ha intensificado en países como México, Colombia, Perú y Kenia, donde la inversión en infraestructura industrial avanza de la mano de proveedores tecnológicos especializados, entre ellos MIMTECH, empresa con más de cuatro décadas de experiencia en soluciones para la industria alimentaria y presencia en más de diez países.
Proyectos similares, mercados distintos
Desde la perspectiva técnica, los proyectos de procesamiento de aguacate mantienen una base común, independientemente del país donde se desarrollen. Así lo explica Jorge González, Director General de MIMTECH, quien ha participado directamente en la implementación de plantas en los principales orígenes productores.
En términos generales, señala, “los alcances de los proyectos son muy similares”, y las diferencias no se encuentran en el corazón del proceso, sino en su etapa final. La principal variable está asociada a los sistemas de envasado, que se ajustan según el formato y el producto final requerido por cada mercado.
Donde sí se observan contrastes más marcados es en la escala y en el grado de madurez industrial. México continúa concentrando las plantas de mayor tamaño y nivel de tecnificación, lo que le permite operar con volúmenes significativamente superiores. En cambio, Colombia, Perú y Kenia atraviesan una fase de expansión acelerada, con nuevas instalaciones y modernización de líneas existentes, un crecimiento que, según González, se ha vuelto especialmente visible en los últimos dos años.
En el caso peruano, esta evolución también se expresa en la diversificación productiva. Tradicionalmente enfocado en cubos y rebanadas, el país está adaptando sus líneas para incorporar guacamole, ampliando así su oferta de productos procesados.
La inversión asociada a estas nuevas plantas no responde a un estándar único. De acuerdo con González, los montos varían según el tipo de presentación, el nivel de automatización y los volúmenes comprometidos comercialmente. Cada proyecto se diseña en función de las necesidades específicas del cliente y del mercado objetivo.
En términos operativos, las plantas más recientes trabajan con rangos de capacidad bien definidos. Actualmente, explica, las líneas de proceso suelen operar entre 150 y 350 toneladas mensuales, equivalentes a entre 8 y 20 contenedores al mes, dependiendo de la ubicación y del alcance comercial de cada operación. Estos volúmenes permiten abastecer tanto mercados locales como exportaciones, dejando margen para futuras ampliaciones.

Por qué crecen las plantas fuera de los mercados tradicionales
Si bien México mantiene su liderazgo histórico en infraestructura para aguacate procesado, el avance de plantas en Colombia, Perú y Kenia responde a factores estructurales comunes. Entre ellos, destaca el crecimiento de la producción agrícola en nuevos orígenes y el acceso a materia prima a costos más competitivos en comparación con México.
A esto se suma un factor decisivo: el aumento sostenido del consumo de guacamole a nivel global. Esta combinación de oferta creciente y demanda internacional ha generado las condiciones para que países emergentes apuesten por el procesamiento como vía de desarrollo industrial y comercial.
Más allá de la maquinaria, el modelo de implementación ha evolucionado hacia proyectos integrales. Para González, la incorporación de esquemas “llave en mano” resulta clave, tanto en mercados desarrollados como en aquellos en etapa de consolidación.
La integración de equipamiento, puesta en marcha y capacitación operativa permite reducir tiempos, optimizar recursos y asegurar una operación eficiente desde el inicio. En la práctica, esta transferencia tecnológica se traduce en una curva de aprendizaje más corta y en estándares operativos alineados con las exigencias de los mercados internacionales.
La instalación de una planta procesadora moderna tiene efectos que trascienden la operación industrial. Según González, el impacto se refleja en el empleo, la profesionalización de la mano de obra y el desarrollo económico local, tanto en operaciones orientadas al mercado interno como a la exportación.
Mirando hacia adelante, la evolución tecnológica seguirá marcando el rumbo del sector. La experiencia acumulada en plantas existentes está dando paso a soluciones más eficientes y compactas, con mayor automatización y foco en productividad. En ese escenario, el procesamiento de aguacate se perfila como un componente cada vez más estratégico dentro de la cadena global, acompañando la transición del aguacate desde un commodity agrícola hacia una categoría industrial de alcance mundial.