Aguacate de México trabaja por la cero deforestación y huella ambiental neutra al 2035

Aguacate de México trabaja por la cero deforestación y huella ambiental neutra al 2035

El portafolio “Ruta de la Sostenibilidad”, liderada por APEAM y asesorada por el científico Ernesto Enkerlin-Hoeflich, busca transformar el crecimiento del aguacate mexicano mediante compromisos medibles en agua, biodiversidad y clima, con el objetivo de alcanzar una deforestación neta cero y una huella ambiental neutra hacia 2030-2035.

La sostenibilidad se ha convertido en un eje estratégico para la industria del aguacate de México. Esa convicción tomó forma en la “Ruta de la Sostenibilidad”, un portafolio impulsada por la Asociación de Productores y Exportadores de Aguacate de México (APEAM) y sus organizaciones vinculadas Mexican Hass Avocado Importers Associatio (MHAIA) y Avocados from Mexico (AFM) para reducir brechas ambientales, sociales y productivas del sector.

El diseño técnico del plan está a cargo del doctor Ernesto Enkerlin-Hoeflich, experto internacional en conservación, biodiversidad y restauración de ecosistemas, con una extensa trayectoria en organismos científicos y académicos.

“El aguacate no es un generador de deforestación per se. La deforestación es un proceso que se da por el crecimiento poblacional, las necesidades humanas, la necesidad de empleo y de alcanzar satisfactores para esta población creciente”, advierte el experto.

Según el especialista, la ambición es clara: alcanzar una huella ambiental neutra -o incluso positiva- en agua, biodiversidad y clima hacia 2030-2035, algo factible dadas las características productivas del aguacate y el compromiso de APEAM en lograrlo.

Detalla que la sostenibilidad es un estado ideal y la Ruta de la Sostenibilidad busca estar cada vez estar más cerca de ese estado ideal.

“Quizás es aspiracional. Sin embargo, en poco más de un año estamos logrando los primeros objetivos, que esencialmente conducen a reducir la huella planetaria ambiental de la producción y comercialización del aguacate. Tenemos una visión desde la huerta hasta la mesa de quien se come un aguacate producido y exportado por nosotros se sienta parte de un proceso sostenible”, detalla.

“Cero deforestación” en el aguacate de México

– Uno de los aspectos que considera esta estrategia es la “cero deforestación” ¿De qué se trata ese propósito?

“La deforestación es un fenómeno que obedece a la necesidad humana de alimentación y de otros satisfactores. Bajo esa premisa, la fruticultura requiere la sustitución de ecosistemas naturales por ecosistemas frutícolas o huertos. En este caso, de aguacates. Desde el punto de vista estrictamente ecológico, es obviamente una pérdida, porque los ecosistemas nos brindan bienes y servicios de los cuales dependen también el bienestar, la prosperidad y el potencial de una nación, de una región. La cero deforestación se puede alcanzar a través de lo que se llama deforestación neta cero. Es importante recordar que la mayor parte del aguacate en México se estableció sobre áreas que ya estaban dedicadas a la agricultura, aunque con cultivos de menor rentabilidad. También hubo en cierta medida reemplazo de bosques por huertas. Entonces, lo que haremos ahora es, en todos los casos donde sea posible, recuperar bienes y servicios que se perdieron, a través de la cero deforestación como propósito y como compromiso”.

– ¿Pero se puede llegar a la cero deforestación?

“La cero deforestación absoluta no va a existir. Sin embargo, sí podemos alcanzar una deforestación neta cero a través del establecimiento y restauración de áreas que están degradadas, que fueron dedicadas a otros cultivos, no son propensas al cultivo de aguacates o que fueron destruidas por fuego o una actividad ilícita. Todas estas áreas se convierten en un potencial para que nosotros podamos ejecutar nuestra estrategia. Pero lo que estamos haciendo es mucho más que reforestar: restauramos funciones ecosistémicas y con ellos bienes y servicios de la naturaleza”.

– ¿Qué implica esa restauración?

“La restauración es mucho más rica, porque contempla reintroducir especies que fueron removidas y hacerlo con cierta riqueza de especies. Cuidar la conservación de agua y suelo teniendo un agroecosistema por diseño y no por casualidad. Es decir, que algunas especies de vida silvestre que requieren ecosistemas más amplios puedan conectarse a través de corredores ecológicos, entre diferentes áreas naturales”.

– ¿Entonces, una estrategia de restauración no necesariamente se cumple reforestando más territorio que lo deforestado?

“La restauración no necesariamente se tiene que dar en mayor proporción a lo que se ha deforestado. Eso a veces no es posible. Pero sí, en todos los casos de deforestación reciente, las actividades y acciones tienen que contemplar restaurar el impacto en la reducción de los servicios ecosistémicos que se tuvo ese lugar. La parte que no pueda restaurar, minimizar, mitigar, tiene que ser compensada a través de invertir en otros ecosistemas de preferencia cercanos pero al final con una visión de paisaje aguacatero. Tenemos que alcanzar un balance de manera que se cubran las necesidades humanas y las de contar con un medio ambiente sano”.

¿Qué diferencia hay entre deforestación y conversión de ecosistemas?

No es lo mismo deforestar, por acciones intencionales, actividades ilegales o eventos inesperados, a convertir ecosistemas debido a la búsqueda de cubrir necesidades humanas. En el caso de la agricultura, hay una intervención que generó conversiones de ecosistemas, pero hoy también tenemos oportunidades de recuperar de servicios ecológicos desde el mismo giro productivo.

“En cualquier parte donde se establezca un cultivo, se tiene que ir a algo que antes había ahí. Si eso se fue hace 200 años o hace dos meses, hay ecosistemas que han sido eliminados de su función natural, para dedicarlos a funciones antrópicas, como es la producción de prácticamente cualquier cultivo que no se derive directamente de la cosecha de ecosistemas naturales”, explica el experto.

Por eso, advierte que “básicamente lo que hay que cuidar muchísimo es el balance”.

– ¿Pero es posible que la industria del aguacate puede aportar en la recuperación ecosistémica?

“Es muy importante reconocer que tiene impacto. Sin embargo, si lo comparamos otros cultivos, sus impactos son menores. Es un consumidor de agua, pero al menos para el caso de México, en las regiones de cultivo, también es un productor de agua, con algunas prácticas que ya existen en algunas zonas, pero queremos que se vuelvan universales. Si se aplican prácticas de conservación de agua y suelo, los huertos se convierten en proveedores de servicios ecosistémicos y no solo consumidores. No será nunca como un bosque natural o como un ecosistema original, pero sí mucho mejor que otros cultivos”.

Conectividad ecológica y paisaje aguacatero de México

-¿Qué se entiende como “paisaje aguacatero”?

“El paisaje aguacatero es una nueva forma diferente de ver nuestra actividad productiva, entendiéndonos como parte de un todo, como demandantes de servicios de la naturaleza, pero también como proveedores de esos servicios. Es un concepto que une a productores y comercializadores. Nos hace ver que somos parte de algo más grande, donde contribuimos en temas ambientales, económicos y sociales, comprometiéndonos a que nuestra comunidad prospere, que nuestros niveles de bienestar avancen, que nuestra gente esté tratada laboralmente de forma adecuada. Incluso, ir más allá del mero cumplimiento normativo. Para nosotros cumplir la ley es una condición necesaria pero no suficiente para transitar por La ruta de la sostenibilidad.”.

¿Qué es la conectividad ecológica y cómo influye en la estrategia?

“Las huertas de aguacates no existen en un vacío, sino que están conectadas a ecosistemas naturales, corredores riparios (corredores ecológicos entre ecosistema acuático y terrestre). En la medida que podamos mantener esta diversidad dentro del paisaje aguacatero, éste va a ser más amigable con la biodiversidad. Nos podemos convertir en una actividad que contribuye a restablecer en buena medida las funciones del paisaje aguacatero. Podremos pasar a un paisaje multifuncional, manteniendo niveles de biodiversidad y de captura de agua, recarga de acuíferos, resiliencia climática, que de otra manera no se tendrían o los habría de una manera menos importante”.

– ¿Cómo se logra esa conectividad de ecosistemas?

“A través de identificar dónde se ha caído en un monocultivo o dónde hay algún área que fue destruida, mermada o degradada y que puede ser recuperada para que algunas especies de vida silvestre puedan transitar por ese paisaje aguacatero, sin sentirse amenazados ni sufrir carencias en sus necesidades. Por ejemplo, mamíferos que requieren espacios mucho más grandes. La conectividad ecológica es una forma de entender que tenemos que contribuir al gran paisaje, pensar globalmente, no únicamente en nuestra huerta”.

Productividad y sostenibilidad en el aguacate de México

– Dada esta reflexión, ¿el aguacate de México puede ser productivo y sostenible al mismo tiempo?

“La productividad y la sostenibilidad son dos caras de la misma moneda. Podemos ser sostenibles y eso no está reñido con nuestra rentabilidad. Es más: podemos decir que, sin sostenibilidad, estamos perdiendo oportunidades de mejorar nuestra rentabilidad. Se requiere repensar cómo hacemos las cosas. La sostenibilidad es un nuevo incentivo para ser más innovadores. Por ejemplo, un plan de innovación en el uso eficiente del agua tiene impactos directos en la productividad. Estaremos cumpliendo con las personas que dependen de nuestra actividad, con las comunidades que son parte de la cadena de valor; y el aguacate será considerado como una fruta líder en reducción de impactos ambientales y que puede llegar a generar una huella positiva en agua, biodiversidad y clima”.

– Pensando en los mercados internacionales, ¿qué importancia tiene que un origen productor pueda demostrar que su crecimiento no está asociado a deforestación?

“Nuestros clientes y consumidores son cada vez más sofisticados y nos demandan acciones en materia de sostenibilidad. Pero, en el caso de APEAM, MHAIA y AFM, decimos: hay que hacerlo, podemos hacerlo y queremos hacerlo, porque es lo correcto. Efectivamente, hay un incentivo del mercado, que probablemente nos termine pagando o tengamos una renta por el solo hecho de haber alcanzado nuestras metas de sostenibilidad. Sin embargo, hay que considerar que la sostenibilidad representa un imperativo ético y como industria queremos abrazarla no como una exigencia del mercado, sino como algo que nos involucra porque somos responsables”.