Planta San Felipe cierra 2025 con su mejor desempeño histórico
La Planta San Felipe cerró 2025 con un EBITDA histórico, sustentado en programación eficiente, control de costos, automatización y una operación sin errores, sentando las bases para escalar el modelo en 2026.
El cierre del ciclo enero–diciembre de 2025 marcó un punto de inflexión para la Planta San Felipe. Se trata de la planta procesadora de fruta fresca de Baika, ubicada en la comuna de San Felipe (V Región), donde converge el alto volumen de fruta que la compañía produce en sus campos y huertos a lo largo del país. En un contexto de alzas relevantes del IMM y del IPC, la operación alcanzó el margen de contribución más alto en la historia de la compañía, confirmando la solidez de su modelo operativo y de gestión.
El resultado financiero estuvo directamente vinculado a decisiones tomadas a nivel operativo y comercial. La programación productiva, el cumplimiento estricto de volúmenes y la optimización de activos permitieron sostener altos niveles de eficiencia durante los períodos de mayor demanda. En palabras de Hugo Olivares, “la programación y el cumplimiento de los volúmenes fueron claves para que la planta operará con máxima eficiencia en los momentos de mayor carga, reduciendo el costo unitario de producción”.
Programación, costos y uso eficiente de activos
Uno de los pilares del desempeño fue la maximización de la capacidad instalada. La implementación de turnos ajustados a la demanda real permitió responder con flexibilidad a los aumentos de volumen, evitando ineficiencias y tiempos improductivos. Este enfoque fue complementado por una gestión anticipada de insumos y servicios, que resultó determinante en un año marcado por presiones inflacionarias.
La negociación estratégica de fruta, materiales e insumos permitió asegurar tarifas competitivas ante las alzas del período. “Cerrar volúmenes con anticipación fue fundamental para proteger la estructura de costos en un escenario de aumentos significativos”, explica Olivares, subrayando el rol de la planificación comercial como soporte de la rentabilidad operativa.
En paralelo, la optimización de procesos y la automatización tuvieron un impacto directo en la contención de costos. La sustitución de tareas manuales por sistemas automáticos, junto con mejoras en los automatismos de la línea de proceso, permitió absorber las alzas del IMM y del IPC sin afectar productividad ni nivel de servicio. “La automatización nos permitió sacar el máximo rendimiento de la línea y sostener rendimientos óptimos”, señala el gerente de la planta.
Cero errores operativos y aprendizajes para el grupo
Otro de los hitos del año fue el cierre de la operación con cero errores operativos, un resultado poco frecuente en plantas de alto volumen. Este desempeño respondió a una combinación de coordinación transversal, reuniones periódicas de seguimiento y un enfoque preventivo en mantención. La estandarización de procedimientos y la capacitación continua entregaron mayor claridad de funciones a los equipos, transformando el control en una práctica diaria.
La reducción de los tiempos muertos a mínimos históricos reforzó este estándar. La identificación temprana de cuellos de botella y el trabajo coordinado entre mantención y producción en tiempo real permitieron sostener un flujo continuo. “La mantención preventiva y la coordinación entre equipos fueron claves para reducir los tiempos muertos”, destaca Olivares, junto con la capacitación de operadores para realizar ajustes menores orientados a la eficiencia productiva.
Con los resultados de 2025 como base, la compañía proyecta escalar este modelo hacia 2026, replicando las prácticas desarrolladas en la Planta San Felipe en otras operaciones del grupo. El objetivo es mantener la disciplina operativa alcanzada, tanto en fruta propia como en servicios a terceros, y consolidar un estándar que combine eficiencia, confiabilidad y capacidad de adaptación a nuevos mercados.


